Hace cuatro años, cuando Zapatero terminó su tarea al frente del Gobierno, resultaba muy difícil, siquiera, imaginar que España volviera a tener un presidente tan malo a corto plazo. ZP se había convertido para la Política en algo así como un antiMessi del fútbol, alguien con unas habilidades extraordinarias pero, al contrario que ‘La Pulga‘, para errar:”De esos sale uno cada 50 años…”12074864_10204929356214361_1683519596520056_n

Con esa esperanza vivía la sociedad española pero, en nuestro país, si de algo podemos presumir es de un espíritu de superación inasequible al desaliento y las circunstancias tanto para lo bueno como para lo malo. Por eso, y desafiando cualquier ley espacio-tiempo, se ha dado el extraordinario hecho de que, consecutivamente, dos genios sin parangón se hayan hecho cargo del Ejecutivo. Tras mucho talento inverso y voluntad por perseverar en el fallo, lo imposible ha sido la realidad en estos últimos cuatro años que, probablemente y más tras conocer las últimas cifras de desempleo, van a tener un final digno de las películas de Francis Ford Coppola… O quizás, más bien, de Berlanga.

En definitiva, Zapatero tiene un sucesor que quedará para siempre en la Historia patria como el hombre que logró superarlo: Mariano Rajoy. Entre sus méritos -corrupción de (ex)significativos altos cargos de su partido aparte- rematar la reforma laboral que promulgó el leonés y que conseguirá que pronto se trabaje por un cuenco de arroz; subir los impuestos siendo -supuestamente- un partido liberal y machacar a los autónomos hasta la asfixia; recortar las becas y lograr una disminución salvaje del número de estudiantes universitarios; y patear con esmero y persistencia el culo de todos aquellos que nos hemos visto obligados a ganar el pan a miles de kilómetros de nuestros hogares para, entre otras cosas, a los 30 años no ser una carga más para nuestras familias. Podría seguir enumerando logros e hitos pero, en honor a la síntesis, tampoco quiero colapsar Facebook.12043060_10204929356534369_3875806178496397545_n

No obstante, si me gustaría detenerme en la última hazaña: elecciones generales un 20 de diciembre… Un 20 de diciembre… Un 20 de diciembre… Un 20 de diciembre… (Es que por más que lo repito, no lo puedo creer) ¿Para que voten cuántos menos mejor o qué? ¿Esa es la estrategia para mantener el sillón, mister President? Como residente en Londres, y tras emplear días libres y bastante dinero, había preparado todo para poder ir a votar en persona a la urna del Consulado… Hasta que Mariano, el del 20 de diciembre, ha tenido la ocurrencia de ponerlo en vacaciones.

¿Qué significa eso? Pues que, al igual que otros miles tanto aquí como en España, cuando llegue el momento de meter la papeleta por la ranura, estaré en casa junto a la familia y lejos de mi residencia habitual que, para más imposibilidad, está a 2.500 kilómetros… Gracias, Mariano, porque si quiero votar, tendré que pedir más días libres -otra vez- y gastar dinero sin necesidad one more time -Perdón, Maríano, significa “una vez más”- gracias a ti, que hasta para darte el piro vas a ser molesto, querido. Entre las pocas garantías que ofrece ninguna formación en el actual panorama político español y las dificultades que están poniendo para votar again, again and again -perdona, Mariano, significa:”Una y otra vez”- dan ganas de olvidarse de todo, no complicarse la vida, disfrutar tranquilamente del otoño y volver a casa por Navidad lo más descansado posible para vivir los últimos días del año en ese lugar que entre unos y otros nos han robado a los que estamos fuera y que se llama HOGAR.

Lo dicho, 20 de diciembre, a dos días de que, pase lo que pase, caiga ‘El Gordo’. Mejor dicho: ‘El Gordito’, que hasta eso ha podado Montoro.

Manuel Bravo Pérez

REGISTRARTE EN EL CONSULADO DE ESPAÑA EN LONDRES: coges un día de tus vacaciones porque abren sólo un puñado de horas por la mañana. Llegas allí, guardas la cola y cuando te dicen todo lo que necesitas para registrarte, ni siquiera hay una triste fotocopiadora aunque sea pagando. Tienes que salir de nuevo, hacer las fotocopias a unas manzanas de allí, volver, guardar la cola otra vez y entrar por segunda vez. Como no has cogido cita por Internet (La dan con un mínimo de a tres semanas vista) no tienes derecho a ningún trámite (Aunque no haya casi nadie) Sólo puedes conseguir la compulsa de tus documentos de identidad (Un sello) Ni siquiera algo rápido como el registro para, por ejemplo, poder votar (No hablo ya de hacerse un pasaporte) Entonces, tienes dos opciones: OPCIÓN 1- Ir otro día, volver a pedir un día libre y hacer todo este proceso de nuevo. OPCIÓN 2- Según te dicen en el Consulado:”Lo mejor ahora es hacerlo por correo, es un poco más confuso pero compensa si tienes que trabajar…” En esa confusión nos adentramos, preparamos todo y cuando vamos a mandar el envío especial (special delivery) a la oficina de correos de turno, el precio por completar el trámite es de 26 LIBRAS (Haced el cambio a Euros multiplicándolo por 1.50) No es ya que cierren el censo electoral cuando11902332_10204679524168716_971294765831063093_n les da la real gana, que tengan un horario imposible de conciliar para los ciudadanos españoles que vivimos aquí y trabajamos (Oh, sorpresa, trabajar en una de las ciudades más caras del mundo…) o que vayas allí y parezca que te están haciendo un favor después de que cobran por los impuestos que pagamos todos… NO. Es que encima, dada toda esa ortopedia burocrática, enviar unos simples documentos cuesta casi 40 euros porque el envío se dirige a edificio oficial algo de lo que, por otra parte, nadie te informó. Y todo, simplemente, para que avisen a tus familiares en caso de atentado terrorista y para ejercer el legítimo derecho al voto como cualquiera persona normal. Todo, al fin y al cabo, por las ganas que tiene el ciudadano de seguir siendo ciudadano… GRACIAS, CONSULADO DE ESPAÑA EN LONDRES, MUCHAS GRACIAS POR PONERLO TODO TAN FÁCIL

Manuel Bravo Pérez

Venecia está en Flandes

Publicado: 8 octubre, 2015 en Uncategorized

Hace muchos años, moraba en Amberes un gigante llamado Druoon Antigoon.8010010559_914dfeb8fb

Este ser, maligno y cruento, habitaba y custodiaba el paso por el majestuoso río Escalda. Un río que baña las caderas de esta ciudad y separa en dos su cuerpo de orilla a orilla.

El gigante Antigoon exigía un pago desorbitado a los barcos que surcaban el Escalda y si éstos no querían o no tenía con que pagar, él le cortaba la mano al capitán de la nave y la lanzaba al río como advertencia para los demás viajeros y comerciantes.

Un día, un joven centurión romano, cansado ya de la brutalidad del gigante, aprovechó un sueño profundo de éste y cortó su mano para, posteriormente, lanzarla al río.

Handwerpen1Desde entonces, los dos lados de la ciudad juntaron sus caderas con el río como nexo y nació la ciudad de Amberes; cuyo nombre autóctono, Antwerpen, procede de Hand= mano y Werpen= lanzar; por lo tanto, La ciudad de la mano lanzada.

Quizás por la esencia convulsa que desprende cada piedra de esta ciudad, los días aquí pasan entre extraños vaivenes: lo mismo sale el sol que la humedad y el frío te ahogan con un lazo gigante que rodea tu faringe y que se sustenta sólido en el río inerme.

Amberes es una ciudad hecha a pedazos, en sus construcciones y en sus propias calles; alternando edificios clásicos con otros de una modernidad casi dañina para la vista; casas familiares al lado de solares abandonados y ruedas de bicicletas rodando por el pavés que comparten con unos coches de lujo desmesurado.

Contrastes y desordenes que no son achacables a las ciudades; al fin y al cabo, ese desorden sólo puede ser cosa de las personas porque, si no… ¿Qué son las ciudades?

Las ciudades sólo pueden ser personas; pequeñas ciudades hechas por muchas personas; pocas personas que hacen cada pequeña ciudad que hay en las grandes ciudades.

Esas mismas personas que entraron, a cuchillo, en pleno el siglo XVI, personas venidas de España para expandir el imperio de Carlos V.

Aquellos mismos soldados que se tomaron esta ciudad como un botín y arrasaron, quemaron, violaron, robaron y ultrajaron; en nombre de dios y de la religión cristiana; todo lo que encontraron a su paso.

Muchos años después, esta ciudad sirvió de paraguas en plena II Guerra Mundial, en plena locura colectiva de la vieja Europa.

Mientras la vetusta señora se desangraba, se desmayaba, expiaba, moría… un año antes de que los americanos decidieran liberar Francia y acabar con el Fascismo, Amberes fue el paraguas en el que cayeron todas las gotas de acero con olor a muerte; corría como lava enfurecida de un volcán irracional la sangre por esta ciudad en el año 1943.

¿Cómo no va a ser esta ciudad un retazo de ciudades? Las ciudades se hacen de personas, y las personas se hacen de dolor, de sufrimiento, de carencias y de un poco de alegría; eso es Amberes, una persona que ha sufrido mucho durante su existencia.

En la plaza del ayuntamiento, llamada Grote Markt, así lo recuerda la estatua del centurión ingente lanzando la mano del gigante al río; una estatua situada en el centro histórico de esta villa; bello pero pequeño; aunque, eso si, de sitios únicos e inigualables.

puente-iluminado-ganteLas comparaciones son odiosas, casi crueles, y así, Amberes tiene que soportar que, a menos de una hora en tren, dos ciudades como Gante y Brujas la contemplen.

Estas son dos ciudades como pretexto para viajar a otro tiempo. Dos ciudades de postal, como si de tan bellas fueran representaciones de la realidad en maqueta, casi de juguete.

Intactas en su belleza, parece como si el impulso que hace pasar los años estuviera en estado de perpetua catalepsia; con el tiempo agotado hace muchos siglos, con la perpetuidad que otorgan a los lugares y a las personas la belleza.

Belleza del siglo XVI, belleza de la edad moderna; belleza de los canales que las surcan como si fueran dos Venecias norteñas. Bellas por su tranquilidad, por el sosiego y la distinción que uno siente al andar por sus calles.

Una armonía que contrasta con el dinamismo de una ciudad como Gante, ciudad universitaria, ciudad de juerga, de nocturnidad, de alevosía me atrevería a decir. Ciudad de un sólo cuerpo que acariciar desde los primeros rayos del sol hasta los últimos del crepúsculo.mas_lugares_que_ver_antes_de_morir_623230495_650x

Y después de dar una vuelta por Brujas y por Gante, uno recuerda que el amor nace de la necesidad del ser humano de rodearse de cosas imperfectas, quizás, como su propia esencia. Y uno vuelve a Amberes sabiendo que el discreto encanto de su belleza nos necesita más que la sublime perfección de sus vecinas.

Mientras me detengo en el sosegado ritmo de un cauce continuo, pienso en todo lo que tengo, y pese a la satisfacción de andar por el mundo adquiriendo vivencias, experiencia y conocimiento, creo que la felicidad es otra cosa, que tiene concreción y persona y que los aspectos importantes en la vida de un ser humano sólo se valoran de un modo real cuando lo haces en la tranquilidad y en la necesidad que otorga la distancia.

Otra tarde más en el muelle del Escalda. Sentado en su orilla, uno siente como fluye por sus aguas la historia de la ciudad. A estas horas de la tarde, el cielo tiene connotaciones de noche.

Amberes se difumina en su horizonte bajo un manto rojizo que cubre el río, es hora de volver, los ojos de esta ciudad ya están dormidos.

Manuel Bravo Pérez.

Amberes, ciudad de Moda

Publicado: 8 octubre, 2015 en Uncategorized

Si en la famosa canción de John Paul Young, el amor estaba en el aire; en Amberes, lo que se haya en estado incorpóreo es el arte. Esta ciudad lo tiene impregnado en cada parte del pavés que forma su piel y en cada galería socavada en sus entrañas.

Hace 500 años ya fue el centro cultural y comercial de aquella Europa imperial que poco a poco despertaba al renacimiento; ahora, Amberes, vuelve por sus fueros.

Lo que en aquellos años fue al arte Pedro Pablo Rubens, ahora lo es a la moda, Antwerpen Six, un grup9783822828847o de innovadores modistos que han vuelto a poner a esta ciudad flamenca en primera línea de la vanguardia creativa europea.

Entonces, el arte se plasmaba en el lienzo como necesidad de crear un código visual que reflejara la historia: era su televisión, sus periódicos, su Internet; pero más sublime y con menos basura.

En nuestros días, la disciplina pictórica ha saltado del cuadro a los tejidos y en ellos se ve la variedad cromática, la riqueza de materiales y la armonía que siempre caracterizó a los maestros flamencos.

La historia, y por lo tanto las personas, se ha encargado de mantener vigente aquellas pinacotecas y centros artísticos que tienen voz propia para contar todo lo que aquí tuvo lugar; la privilegiada situación geográfica, y por lo tanto la riqueza, también ha colaborado para crear uno de los centros de moda más importantes de toda Europa.

En las calles de Amberes; en las del centro de la ciudad fundamentalmente; se observa el mestizaje entre el arte del pincel y el arte de la aguja, entre la riqueza de los lienzos y la de los tejidos; son  museos que no se enfrentan si no que se complementan, una ciudad que fue y otra que es y que están unidas por el fino hilo conductor de la creatividad.

En este sentido, uno de los edificios más importantes de Amberes es the Rubenshuis,  la casa antigua del pintor flamenco Pedro Pablo Rubens y que data de 1613. La construcción es un palacete que mezcla los estilos renacentista y barroco. Aquí, el artista trabajó y dio clases de pintura y hoy en día es un museo consagrado a su figura.

Au5de06108fcddd6fa16c8f3660d10f24bnque a Rubens siempre se le ha considerado oriundo de Amberes, lo cierto es que nació en Westphalia, Alemania, en 1577. Fue durante el exilio al que su padre huyó obligado después de convertirse del catolicis
mo al calvinismo.

Cuando Rubens pudo regresar a Amberes ya tenía un sólido conocimiento sobre los pintores clásicos y con 21 años era considerado un maestro.

Catalogado como uno de los pintores más importantes del siglo XVII, su estilo se convirtió en la definición internacional de los aspectos animados y la exuberancia sensual de la pintura barroca.

Rubens creó una manera vibrante de concebir el arte a partir de la tensión entre lo intelectual y lo emotivo, entre lo clásico y lo romántico, combinando la pincelada intrépida, el color luminoso y la luz trémula de la escuela veneciana con la fuerza del arte de Miguel Ángel y el dinamismo formal de la escultura helenística.

Durante 200 años, la vitalidad y la elocuencia de su obra influenciaron a artistas como Jean Antoine Watteau, del siglo XVIII, y a Eugène Delacroix y Auguste Renoir, en el siglo XIX.

La figura de Rubens se alarga por toda la ciudad; en el museo Plantin-Moretus; un taller de imprenta del siglo X
VII muy bien conservado, se ofrece la percepción de cómo Plantin y su familia lo dirigían y Rubens colaboraba como ilustrador.

Gracias al influjo del pintor flamenco y a la popularidad que le dio a la ciudad, esta creció sobre manera auspiciada por la iglesia y financiada por la propaganda religiosa que en aquellos años invertía en el arte como la campaña de publicidad más efectiva y efectista.

Por este motivo, se conoce a esta urbe como la ciudad de las cinco catedrales. Ya que posee cinco grandes iglesias que muchos consideran como catedrales: la iglesia de San Andrés, la Catedral de Nuestra Señora, la iglesia de San Pablo, la de San Carlos Borromeo y la de San Jaime.

La Catedral de Nuestra Señora es una de las más importantes de estilo gótico de Bélgica, y es el templo de mayores dimensiones con siete naves y 125 pilares que le dan una amplitud extraordinaria. Allí se encuentra parte de la obra de Rubens como “La Crucifixión” o el retablo mayor que representa “La Asunción de la Virgen”.

Numerosos edificios jalonan la historia de Amberes desde los años esplendorosos del siglo XVII hasta nuestros días; por ejemplo, el Museo de Bellas Artes en el barrio de Zuid, que alberga más de mil obras de pintores Flamencos, además de una magnífica colección de pinturas de Rubens.

El Museo Real de Bellas Artes posee una exposición impresionante de cuadros firmados por Van Dyck y otros Maestros Flamencos. En él, a través de diversas muestras, se ha hecho hincapié en otra de las diversas facetas del Rubens, la de artista grabador.

En la actualidad, dos disciplinas hacen célebre a Amberes: la moda y la talla y venta de diamantes.

La evolución histórica hecha paradigma en el arte. De lo cualitativo a lo cuantitativo; del concepto a la materia, de lo metafórico a lo concreto, de lo metafísico a lo empírico… pero al fin y al cabo, creación.

Uno de los centros más importante de este nuevo arte es el Museo Provincial del Diamante, en el barrio de los diamantes, detrás de la Estación Central. Un lugar con una situación privilegiada en la ciudad, el primer sitio que pisa cada visitante que no llega a la ciudad por carretera.

El otro centro cultural con mayor importancia en la actualidad está en la calle Meir, la particular “Milla de Oro” de esta ciudad. En esta vía pueden encontrar desde los últi55a025ddf2da83524eedef9a574e36fbmos diseños de Zara o Mango hasta las prendas más caras de Louis Vuitton o Chanel. Desde unos zapatos por 30 euros a un bolso por 300.

Este barrio alberga la mayoría de las tiendas de los actuales maestros flamencos, los diseñadores del grupo
Antwerpen Six, cuyo carácter innovador les ha hecho célebres en el mundo. Es el nuevo motor artístico de Amberes, los nuevos Van Dyck y Rubens de los tejidos y las confecciones.

Dries Van Noten es el componente más celebérrimo de Antwerpen Six. Con una formación tradicional en sastrería, este diseñador ha aportado mucho al mundo de la moda actual con un estilo informal y con su habilidad para combinar colores opuestos y conseguir resultados armoniosos.

La historia la escriben aquellos que son capaces de evolucionar y romper con lo estatumblr_mm5xeeJAR31s0n7o6o1_1280blecido, no una ruptura desde el punto de visto tremendista y visceral; si no una ruptura evolutiva que desde el conocimiento profundo de lo establecido nos lleve a un punto de conocimiento superior y por lo tanto, a un estado evolucionado.

Algún día, el diseñador tendrá su propia casa museo y sus diseños reposarán protegidos del paso del tiempo para que otro estudiante erasmus escriba, dentro de su momento, sobre lo que fue nuestro momento… futuro y evolucionado momento o, al menos, eso esperamos.

Manuel Bravo Pérez.

El punto de fuga

Publicado: 31 enero, 2015 en Uncategorized

No es fácil juntarlos a todos ni tener tiempo para echar un rato con ellos. Por eso, cuando los compromisos no colonizan mis previsiones de fin de semana, empleo los viernes por la tarde en caminar desde la estación de Highbury & Islington hasta el final de Upper Street, donde siempre me esperan.All-sizes-upper-street-angel.-Flickr-Photo-Sharing

Esa calle es una eternidad en sí misma, salpicada por decenas de bares, cafeterías, algún museo, varias salas de cine, un par de academias de danza y restaurantes de 15 nacionalidades distintas. De tan iluminada parece el cuerpo gigante de una libélula.

A pesar de que caminar por ahí después del trabajo es hacer un slalom esquivando personas como quién esquiva árboles colina abajo, siempre me detengo en el escaparate de una tienda de juguetes artesanales que hay justo en frente de St Mary’s Church. Es el punto fronterizo a mitad de calle, el lugar donde se separa en dos: de una mitad, los locales de día; de la otra, los de noche. Esos dos mundos que se entremezclan sin distinguir muy bien donde acaba uno y empieza el otro, a cual pertenece la última hora de la tarde y a cual la primera de la noche.

Como decía, suelo quedar con mis amigos al final de la calle. Justo antes de llegar a la boca de metro de Angel. Siempre los encuentro apostados en el pasillo estrecho de una librería. Allí pasan los días sin el menor sentido del transcurso del tiempo. Siempre como la primera vez que llegaron, con la misma claridad de ideas, con idéntica frescura: Sir Arhtur Conan Doyle, James Joyce, Charles Dickens… Allí están, en silencio y perfecta armonía, unos junto a otros. Con sus rarezas y sus historias más conocidas pero siempre ahí.

66c4f88585d70b6dd5675343e8da93b7La librera me saluda con media palabra mientras observa mi bolso colgado en bandolera: ”Ya está aquí otra vez el de las gafas amarillas, que siempre viene a leer y casi nunca se lleva nada…”, parece pensar.

El lugar es tan pequeño que no cabe la parsimonia. Leo rápido como si tuviera miedo de que me llamaran la atención. Cojo los libros, deslizo mis dedos por la tapa, les doy la vuelta, me detengo en aquellos títulos que jamás encontré antes en ningún catálogo. Intento pasar unas cuantas de hojas mientras pongo toda mi atención para entenderlo por completo en versión original. Procuro abstraerme de mi vergüenza por ocupar casi por completo el acceso clave al resto de estrechos pasillos. Al final, si me detengo demasiado, pago y me llevo alguno. En el fondo, siempre seré un chico de pueblo y ese es el modo de legitimar mi presencia allí, de vencer esa vergüenza tan particular de entrar a los sitios sólo a mirar.

Cuando termino de echar un rato con ellos, salgo y voy siempre al mismo café. Una estancia sencilla, apenas un rectángulo cobijado bajo la onda expansiva del Wifi donde nadie mira a los ojos ni levanta la vista de su teléfono móvil, tableta u ordenador. Me gusta ese sitio porque me da la sensación de estar solo. Pido un chocolate caliente y me siento junto al ventanal que da a la calle. Es enorme, como 5 metros de ancho por 5 de largo. Impoluto, al permanecer allí, tan cerca pero tan lejos de la calle, ese cristal gigante te hace sentir en el interior de una pecera sin agua.

Veo pasar a la gente, los observo en su ir y venir, y como si quisiera disimular la curiosidad o librarme de una multa por vouyer, saco una de mis libretas acompañada por uno boli. La mayoría de las veces no escribo, tan sólo me limito a observar el ritmo de la calle y la concatenación de pasos que dejan atrás, como residuos olvidados, cada uno de los viandantes.

James Joyce anteojos sobre tapa ojoAl terminar mi chocolate caliente, busco el 153 para volver a casa y 15 minutos después llego a mi apartamento con el tarro lleno de ideas. Conceptos, localizaciones, tramas de Después basadas en el Ahora, incluso historias de Mañana que tiene los pies anclados en el Antes. Siempre a vueltas con el hilo sobre el que se desliza el tiempo y su desorden, donde cada pedazo de realidad está constituida por un montón de realidades atemporales en constante evolución y cambio.
El caso es que empiezo a teclear para dar forma al Tiempo y el Espacio y mientras emborrono un folio que después fusilaré sin piedad a base de correcciones, siento una satisfacción particular por estar haciendo lo que hago. Es entonces cuando me doy cuenta de que a pesar de la exigencia que lleva implícita esta ciudad y a pesar del sacrificio, los tres años aquí han merecido la pena.

Cada invierno con su dureza, cada distancia con sus interrogantes, cada silencio repleto de ruidos ajenos, cada día y cada noche en cuesta arriba te hacen más fuerte. Y no es una cuestión física, ni siquiera mental. Tan sólo sientes una irreductible voluntad de seguir hacia delante para descubrir otros días, alcanzar nuevos objetivos y llegar al punto de fuga donde cada jornada muere y nace el horizonte.

Manuel Bravo Pérez

MANICOMIO LONDRES

Publicado: 15 enero, 2015 en Uncategorized

Londres es un manicomio sin paredes ni puertas donde los locos caminan sin saber que lo son. Durante el invierno, el sol aparece cada mañana como pidiendo disculpas, sonámbulo, intentando abrirse camino entre la muralla que levanta el frío. Al estar a medio camino entre este mundo y el onírico, los días carecen de luz y las farolas se encienden mucho antes de que un sol impotente abandone la escena, apresurado ante el empuje de una noche que nunca se marcha del todo, deprimido por ser tan poco Sol.

Los locos se alimentan de luz artificial, ya sea bajo tierra o con el telón de acero industrial sobre sus cabezas. El único y leve indicio de que siguen siendo humanos son las conversaciones inacabables con las pantallas de sus teléfonos móviles. Ahí también están solos, a pesar de que hablan más con esas pantallas que con cualquier otra persona. Los locos en invierno siempre llevan la cabeza hacia abajo y nunca miran por encima de la barbilla.

Al volver a casa, perseverando en su soledad, muchos de ellos corren milla tras milla mientras portan el peso de todo el día sobre su espalda, siempre empaquetado a presión en grandes mochilas que parecen más una condena que parte de un hábito saludable. Los corredores llevan cara de cárcel, quizás porque lo que más pesa es justamente lo que menos se ve.

Londres, ese manicomio sin paredes ni puertas, tiene la forma de un patio gigante donde el temporal barre todo lo que sobra: hojas, basuras, recuerdos… El Invierno transcurre, a base de frío y agua, haciendo que los locos casi olviden quiénes son.

Las noches caen súbilondon-640x640x80-2tas como sentencias inapelables, acompañadas de una reverberación de sirenas que rompen un silencio que sirve de smoking a la oscuridad.

Es una ciudad que obliga a vivir instalado constantemente en un escalón por delante del presente. De hecho, es el lugar del Mañana: el mañana de los trámites, el mañana del trabajo mejor, mañana pasaré por el Consulado, mañana para reservar vacaciones y solucionar el voto por correo, el mañana de cambiar de coche, el mañana de los afectos y las cenas intrascendentes… Mañana, Mañana, siempre Mañana, como si Hoy sólo fuera un pretexto para llegar a un desenlace que no se deja atrapar.

Por eso, al ser parte de un futuro cambiante que no acaba de llegar, los locos suelen perder la noción exacta de sus nombres del mismo modo que pierden una referencia fija al verse envueltos en la realidad voluble de un presente adelantado. El frío los aliena hasta convertirlos en meros objetos móviles que van de aquí para allá siguiendo unas indicaciones prefijadas con unas cuantas jornadas de antelación. Y con el transcurso de varios meses de oscuridad y temperaturas con catalepsia, los locos comienzan a olvidar como se llaman. De hecho, no tienen DNI para evitar que ahonden en la confusión. La Ciudad se los retira al final del Verano y se limitan a actuar como autómatas a la espera de que el calor les devuelva el placer para hacer de la vida un lugar donde, además de vivir, también se pueda disfrutar. Son presos de su propia libertad en este lugar sin paredes ni puertas.

Hay quién dice que el movimiento se inventó aquí para sobrevivir a esos meses y que así los locos no perdieran por completo la noción de la realidad, ya que al moverse pueden existir como pseudomáquinas hasta que el Invierno deje de apretar la parte blanda de sus mentes. Por eso, instalados en la confusión de vivir en un día a día que es siempre el mismo día, esperan intuitivos, tirando de las últimas reservas de humanidad que les quedan, a que la Primavera y el Verano vengan corriendo, uno detrás de otro, y llenen las calles de la ciudad de terrazas y música al aire libre. Entonces, este manicomio cierra por completo hasta el cambio de guardia del siguiente Otoño y deja paso a los días de claridad interminable donde los locos comienzan, poco a poco, a recobrar la cordura.

Jornadas en las que los móviles caen de las manos, los ordenadores echan el cierre y Londres se convierte en una ciudad de extraordinaria belleza, con sus devaneos, borracheras e improvisaciones. La luz se bebe los cristales y en la Ciudad Financiera, cada gran edificio es un Oasis a la vista de los directivos. Algunos, los más enclaustrados, llegan a sufrir, incluso, de alucinaciones y creen que trabajan en la copa de un árbol amazónico o de una secuoya de California.

El cielo rompe en azul y, aunque llueva, los dementes que sobreviven al invierno miran a los ojos de los otros supervivientes con el mismo entusiasmo que cuando uno descubre por primera vez a alguien que le gusta. Es entonces cuando todos tienen la certeza de que pasó lo peor, de que otro invierno quedó atrás y que la Ciudad cierra el manicomio donde los locos pasan más de seis meses al año sin apenas darse cuenta. Alienados en una realidad a oscuras y en compás de espera.

Manuel Bravo Pérez

GAFAPÁS

Publicado: 15 enero, 2015 en Uncategorized

Ese tipo de análisis que destella de moderno y alternativo, ese rollito fresco cual lechuga orgánica, repleto, eso sí, de frases viejunas y nomenclaturas prediseñadas al estilo:”Es que como pertenecemos al Occidente opresor e imperialista, tenemos bien merecido todo lo que nos pase y no condeno lo de Francia porque en la Franja de Gaza…” Como si una cosa tuviera mucho que ver con la otra… Y claro, es de comprender que tres fenómenos y sus respectivas manos autoriz10931390_10203366286658599_757779113955732598_nadas, cargaditas de pólvora deluxe, entren en una revista satírica (Esos imperialistas de Occidente) y vistan de plomo al personal, de pies a cabeza, bóvedas del edificio incluidas, dándole a la estancia un fino aspecto de gotelé. Es comprensible porque no sé qué de EEUU allá, y no sé qué de EEUU acá y porque nosotros, socios silenciosos, pues eso, bien merecido tenemos todo lo malo que nos ocurra… Esa actitud de:”Que yo, hasta que empecé a trabajar en aquella multinacional -o en aquel banco o en aquella tienda fina- (de ahí como, no me jodas) me ponía mi pañuelo palestino al cuello y hacia botellones con los colegas, y quién tuvo retuvo, que sé de lo que hablo…” En serio, mirar todos productos de Apple que guardáis en el cajón, vuestras tablets y móviles puta-madre, echad un vistazo a vuestro armario, repasar vuestras vacaciones, los sitios a los que vais. En fin, echadle un ojo a vuestra vida y veréis que tenéis bien enraizadas vuestras alternativas pezuñas en la tierra de ese Occidente malvado que merece bombas y AK-47 aquí y allá por su impío comportamiento. Que sois parte contratante del tinglado abyecto que tanto criticáis a este lado del paraíso. Entended que, un día, a cualquiera de esos que no ven más que muerte y destrucción en sus respectivos ‘Libros Gordos de Petete’ se les puede ocurrir la idea cojonuda de volar el vagón del tren donde vais a trabajar, en el que van vuestros padres, hermanos o cualquier persona de los que queréis de verdad… Y entonces, hacerse los guays, incluso en Malasaña o cualquier otro foro de barbas largas y camisas abotonadas hasta el cuello, os dejará cara de idiotas y sobre todo un ardor de estómago que ni el peor chorizo frito. 

Manuel Bravo Pérez