Cataluña, Piqué y el ruido, una historia de política

Publicado: 8 octubre, 2015 en Uncategorized

Hace menos de un mes, en una conocida zona de playa al sur de España, la trabajadora de una cafetería me dijo que le pagaban 4.5 euros la hora de trabajo y trabajaba 12 horas al día, 6 días a la semana… Ayer, escapando de la víscera y el sentimiento pueril que acompaña estos días al asunto de Cataluña-España, encontré un análisis completo en un diario digital que explicaba las consecuencias económicas que tendría el divorcio territorial y el modo decisivo en el que afectaría a la inversión extranjera, esencial para salir de la crisis.
En lugar de números y soluciones, a un lado y otro del Ebro se está disparando al corazón y las entrañas del ciudadano tratando de silenciar con ello las deficientes gestiones políticas y económicas, las inaceptables reformas laborales y la corrupción a granel tanto de “allí” como de “aquí”. Manipulación histórico-folclórico-popular -propia del nacionalismo romántico de finales del siglo XVIII- a la que los ciudadanos, como toros ante una capa roja, entramos sin pensar ni siquiera un segundo hasta que punto estamos siendo utilizados y puestos en el centro mismo del cabreo permanente que sufren las sociedades donde la carencia es el pan de cada día; ira y visceralidad de fácil combustión y que nos convierte en autómatas11053186_10204823439646513_310677811344683240_n dirigibles sin capacidad -como deberíamos- para cuestionarnos hasta la última palabra del mundo que nos rodea. Un mundo, el de nuestro territorio, sea cual sea desde los Pirineos hasta Canarias, donde cuesta vislumbrar el futuro y, por lo tanto, al que le queda mejor el traje de rápida confección basado en el impulso y el nervio que una prenda duradera asentada en números y argumentos (Ya saben , esa eterna apuesta patria por el “modelo ladrillo” en lugar del “modelo I+D+I”) Así, presentan a los dos territorios como incontenibles carneros en pleno celo astillándose hasta el alma a base de topar y topar sin optar si quiera a ese atribulado acto tan propio de las personas y conocido como “en-ten-di-mien-to”.

La clase dirigente ha decidido prender la peligrosa mecha del orgullo, el sentimiento nacional y el unos contra otros y parece que muchos están dispuestos a dejarse inmolar; como antes, como mucho antes, como si no hubiéramos aprendido nada y el paso de los siglos sólo fuera una suerte de ruleta rusa a modo de condena que siempre vuelve a poner la bala en el disparadero de los inconscientes.

Y mientras los políticos juegan a Maquiavelo y hacen del Estado de la Nación un circo donde los enanos crecen o decrecen dependiendo de las encuentras y los posibles réditos electorales –mientras miles de trabajadores seguirán cobrando 4.5 la hora, mientras otros miles permanecerán fuera del país alimentando arcas ajenas y los inversores internacionales decidirán llevar su dinero y sus empresas a otros lugares- mientras todo eso pasa, las partes contratantes en este asunto, más interesadas en cubrir con ruido el contexto que en facilitar un acuerdo, no han explicado con suficiente claridad las únicas verdades inamovibles e inmutables: España será más pobre y estará peor sin Cataluña y Cataluña, simplemente, será inviable sin España. Y ahora, perdón, que le estarán pitando a Piqué, eso sí que es importante… EL RUIDO, ya saben.

Manuel Bravo Pérez

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