Ya no hay cafés en el Comercial

Publicado: 8 octubre, 2015 en Uncategorized

– “¿Dónde nos encontramos?”
– “¿Te parece bien en la puerta del Comercial y después ya vemos?”

¿Cuántas veces habré quedado de la misma manera y en el mismo sitio?
Cuand1438022754_806356_1438036912_album_normalo tenía tiempo, incluso cuando necesitaba hurtarlo, me gustaba disfrutar con pausa de un largo paseo nocturno entre Canal y la Plaza del 2 de Mayo. Pasar por la puerta de los Verdi, escudriñar su cartelera y seguir calle abajo mientras me fijaba en las parejas que salían del cine. Parejas de primera cita que, en paralelo y a medio metro de distancia, aún desconocían la capacidad de atracción que, de un modo callado pero inapelable, poseía Madrid fuera y dentro de sus calles. Me encantaban aquellas noches de otoño en las que todo Madrid olía al frío que se desparramaba desde las caderas de la Sierra.Contenedor2-800-50

Aún recuerdo la distorsión ocre que las farolas proyectaban sobre los charcos en Quevedo, una zona en la que convivían los portales de las grandes fincas urbanas con los contenedores de un supermercado que ya entonces funcionaban como bancos desesperados de alimentos. Mucho antes de que la palabra Crisis se convirtiera en una moda omnipresente sin fecha de caducidad y que The New York Times los llevara a sus páginas como ejemplo de nueva pobreza.

Aquel paseo, especial cuando iba acompañado de guantes y bufanda, tenía sentido por encontrarte de frente con el Café Comercial, más de un siglo apostado a las puertas del barrio de Tribunal… Alguna vez entrevisté a personas que admiraba en el interior de su sala. Alguna vez, también, esperé en su puerta a horas en las que incluso Madrid dormía, con frío artrítico en los huesos pero la ilusión perfilando el gesto de mi cara.

CameraZOOM-20121121124017642Cuando vuelva a mi ciudad y camine por ella -sin prisas o hurtándole tiempo a la vida- me sentiré menos yo y será menos Madrid sin encontrar aquella inmensa cristalera que, en la Glorieta de Bilbao, simbolizaba una suerte de aduana que te llevaba a Malasaña… Y a esa otra ciudad poseedora de un tiempo y una edad que ahora parecen habitar en el pasado. La edad y el tiempo donde aprender, arriesgar y vivir era el todo de una misma partida. Una realidad que no se concebía más allá del presente inmediato y que descansaba, de vez en cuando, en el Café Comercial.

Manuel Bravo Pérez

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