El fútbol y la náusea

Publicado: 16 octubre, 2012 en Uncategorized

Cuando el 25 de julio de 1978, el delantero argentino de origen italiano, Daniel Bertoni, marcó el tercer gol ante los Países Bajos en tiempo de prórroga, el dictador Jorge Videla suspiró aliviado desde la grada. La selección nacional acababa de ganar la Copa del Mundo que, él mismo y su junta militar, habían organizado para lavar la cara internacional del país tras años de represión militar en el que los asesinatos selectivos, la desaparición de oponentes ideológicos y los centros de tortura y detención ilegal estaba a la orden del día.

Ganó su campeonato pero no consiguió su propósito: convencer al mundo de que allí no sucedía nada.  El régimen de represión militar, vigente desde 1976, se extendió a 1983. No obstante, algo cambió en Argentina a partir de ese mundial del 78 en el que la prensa internacional denunció todas las atrocidades de un gobierno que utilizó el deporte, en concreto el fútbol, como herramienta propagandística para tapar toda la mierda que, como si de pozos de petróleo se trataran, emanaba de cualquier rincón de la tierra con una fuerza descomunal.

No fue, ni mucho menos, la primera vez que esto sucedió. En innumerables ocasiones, el deporte del fútbol ha servido para amaestrar a las masas mientras las masas son machacadas. Apenas cinco años antes de ese mundial, Chile vio como sus estadios de fútbol servían de gigantescos campos de concentración en plana dictadura de Augusto Pinochet.

A finales de la década de los 60 y durante todos los 70, la dinámica económica preponderante la imponía la Escuela de Chicago. Muchos de sus profesores fueron respaldados y amparados de por la concesión de vergonzosos premios Nobel de Economía, como sucedió con la figura fundamental de ese movimiento: el profesor Milton Friedman.

Una de las líneas maestras de esa escuela era la denominada ‘Teoría del Caos’ por la que el desorden económico generaría ingentes ganancias para unos pocos mientras se redundaba en la pobreza de muchos que, carentes de todo, aceptarían las condiciones laborales y financieras que fueran con tal de conseguir un plato de comida diaria que llevarse a la boca. Esa teoría económica confiaba, además, en la fuerza de la represión militar en el caso de que fuera necesario aplacar descontentos.

Unos descontentos que tendrían un bálsamo en los deportes de masas, cuyo máximo representante es el fútbol. Las aves de rapiña de la Escuela de Chicago siguieron esa línea casi de manera cartesiana tanto en Chile como en Argentina, apoyando con sus millones de dólares a los tanques y las pistolas de los militares e imponiendo una economía esclavista y colonizadora en las dinámicas del día a día de dichos territorios.

Es sólo un ejemplo de como pueden cohabitar en el mismo colchón deporte y política. De como una pelota y 22 millonarios pueden ser utilizados de manera tan abyecta para convertir algo tan bello como la superación personal propia de cualquier disciplina deportiva en algo tan abyecto como la política más zafia y partidista, la que trata de narcotizar al ciudadano arrebatándole todo aquello que supone reflexión y pensamiento en pos de la imposición más chusca: cuando está disfrazada de diversión y relax. El deporte a modo de narcótico, su adictiva y taimada utilización como morfina del pensamiento.

Por todos estos precedentes, por todo aquello que pasó y que nunca deberíamos de olvidar, ahora que los descendientes de la Escuela de Chicago (los nietos ideológicos de Milton Friedman) intentan hacer su agosto desmantelando nuestro país, uno se pregunta cuánto de estúpido tiene la alineación del Fútbol Club Barcelona del lado de los independentistas catalanes. ¿Qué saca el Barcelona con eso?

Esos grandes próceres futbolísticos: de Guardiola a Xavi, de Rosell a Piqué, quizás desconozcan, amparados en sus mullidas realidades bancarias, que tras tanta tontería territorial y tanta gaita sentimental, no hay cultura ni evolución, tan sólo el retroceso a algo tan arcaico como el aislamiento de un pueblo, peor aún: están siendo utilizados por el gobierno autonómico catalán para disimular una horrenda realidad económica que les ha llevado a pedir un rescate de más de 410 millones de euros al ¿adivinan? Sí, al Estado Español.

En esa esquizofrenia tan galopante en la que vive ahora mismo Cataluña y sus políticos independentistas, esa inmersión del Fútbol Club Barcelona como elemento de apoyo y propaganda me parece poco inteligente además de impropia de una marca de ese prestigio internacional. O quizás es que, al igual que sus dirigentes políticos, piensan denigrar todo aquello que sea español para después recurrir a él en caso de necesidad: la Generalitat al Fondo de Rescate Autonómico y el Barcelona a sus partidos de ida y vuelta con el Real Madrid.

Porque, quizás, pasarse la vida entera jugando con el Sabadell y el Tarrasa, como sería propio de un club catalán y de sus catalanas maneras, sólo les serviría para sobrevivir un par de años antes de desaparecer como institución deportiva ya que, si aún quedaba alguna burbuja hinchada en este país esa era la del fútbol y, ahora mismo, pierde aire tan rápido que veremos que se inventan los políticos para tener narcotizado al pueblo como ya lo hicieran en su momentos aquellos países que vivían a las órdenes y dictados de la Escuela de Chicago y su ‘Teoría del Caos’.

 

P.D: España a la cabeza del paro juvenil y del fracaso escolar en toda Europa. “¿Quién quiere cultura habiendo “FURGO”?”, que diría Wert. “Quién quiera cultura, que se la pague”, que respondería Montoro inmediatamente a modo de complemento… Mientras tanto, los más de medio millón de españoles que se buscan el pan fuera de nuestras fronteras desde que comenzara el éxodo masivo allá por 2008; época-Zapatero, precursor fundamental del desastre; vienen una semana de visita muy de vez en cuando para recordar quienes son y cuando regresan, en el control del aeropuerto siempre les cobran por exceso de equipaje ya que la sensación de vacío es tan acentuada que no cabe, ni siquiera, en una maleta de las grandres… Pero no pasa nada, que como dicen los estúpidos gurús de algunos foros internaúticos HAY QUE SER OPTIMISTAS! Además, ESTA NOCHE JUEGA ‘LA ROJA’, HISTORIA VIVA, TIKI-TAKA… Qué puta pena, que impotencia, cuánta rabia… Me gusta el fútbol y disfruto y como gracias a él y a otros deportes. No obstante, cuando intentan engañarme, cuando el fútbol se convierte en política sólo siento náuseas y unas incontrolables ganas de vomitar.

 

Manuel Bravo Pérez.

16/10/2012

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