GIRO ARGUMENTAL

Publicado: 15 septiembre, 2011 en Uncategorized

Y llega ese momento en el que no te entiendes, ni te entienden ni entiendes absolutamente nada. El instante crítico con aroma a final. Ese plano a cámara lenta dónde la gravedad pesa como una losa y en cada sílaba de una palabra, se mastica el drama. Ese justo momento, ralentizado, como sin querer terminar… Y de tan cerca de irse todo a la mierda, de repente, un in pass. Y piensas: “¿Por qué no reforzamos los cimientos? ¿Quién sabe? ¿Quizás aún no toque el fundido a negro y un THE END grande como el Kilimanjaro a modo de todo el mundo a su casa?” “¿Quizás esto tiene más metraje… Sí, definitivamente, merezca la pena que la historia siga y siga si conseguimos que recobre el ritmo… ¿Por qué acabarla de cualquier manera?”

Un segundo antes, sólo un segundo, la historia se agotaba, languidecía por falta de motivación, o interés o por la tediosa y puñetera desidia, o por las tramposa monotonía, siempre poseedora de las cartas marcadas… Pero… ¿Por qué no reescribir el libreto? ¿Por qué no una canción aquí y un pensamiento positivo allá?

¿Por qué no hacemos que las palabras funcionen en sociedad? Las unas apoyadas en las otras… ¿Por qué no recobramos lo que se haya perdido?

 ¿Así de fácil? No, así de DIFÍCIL… Pero, de repente, te sientes más joven, mejor, por intentarlo… Quizás un vuelo lunar sería más sencillo pero quizás, también, la vida no merecería la pena si de vez en cuando no intentáramos algo que resultara extraordinario.

 Le damos la vuelta a todo. Un giro argumental, eso es imprescindible, claro que sí. Y despega… Y despega… Y hay que esforzarse para darle verosimilitud a la trama, para no caer en lugares comunes, en frases hechas, para que lo inaudito no sea tópico, para que lo sorprendente no resulte fatuo… Empero, con ese esfuerzo, con esa dedicación, el relato, de nuevo, puede comenzar a respirar por los cuatro costados.

 Quizás al principio cueste, ya que no es fácil mover sustancialmente las piezas de una partida cuando ya está avanzada. Sin embargo, intentarlo no es una obligación, es una necesidad vital para los implicados. Una danza instalada en el pecho que obliga siempre a volverlo a intentar, a pedirle un poco más a todo lo deseable.

De acuerdo, es cierto que el algodón de azúcar es un empalague, La Casa de la Pradera no existe y… ¿Qué decir de Los Mundos de Yupi? Ains… ¡Los Mundos de Yupi! ¿Pero quién los quiere? Tan sólo hace falta imaginación y deseo para vivir instalados en el día a día sin que resulte un tostón. Con ese aderezo, se pueden construir castillos de naipes en el aire y barcos de papel para navegar sobre el agua. Se puede hacer que incluso el más descarnado realismo resulte especial hasta convertirse en una fábula… Si no, de qué Roberto Benigni y de qué su “BUENOS DÍAS, PRINCESA”.

A esto yo me apunto. Igual me da con gafas o con lentillas, pero me siento frente a los folios escritos hasta coserlos a cicatrices de tanto emborronarlos. Y trabajaré hasta que los folios en blanco suden tinta, incluso, en sus escamas más secretas.

Estoy dispuesto a dedicarle el tiempo que haga falta hasta. Así, tras una ‘coma’, un ‘punto y coma’ o varios ‘puntos seguidos’, la historia volverá a ser lo que era en un principio. No pienso parar hasta situar el argumento en su justo camino, así me tenga que retrotraer al principio. ..

Se me ocurre un inicio. ¿Cómo sería? Algo sólido. No hay que obsesionarse con la originalidad, ni siquiera con la seguridad, dejemos que el tiempo y las palabras fluya… Por ejemplo, este:

“Ulises Adsuara vivía en una casa de techos altos y oscuros como los de una catedral. En la primera planta tan sólo había una estancia y en sus paredes resaltaba una estantería enteriza y monolítica que estaba preñada de libros, tantos como había coleccionado en sus viajes por el mundo.

La vivienda de Ulises tenía una segunda planta, un subterráneo donde guardaba el mayor de sus secretos. No lo descubrí enseguida. Pasaron meses hasta que decidió contármelo. Una noche, hablando de leyendas y viajes, me dijo que tenía una máquina que le permitía transportarse al sitio que quisiera y en el momento que quisiera. Así había conocido lugares que no están recogidos en ningún libros. Había experimentado y visto todo lo que los ojos de una persona jamás hubieran podido imaginar.

En aquella casa, no sólo hubo libros o películas. Documentales o recortes de periódicos traídos de los cinco continentes. Como en toda buena historia, también hubo deseo, sexo, y amor… Mucho amor. Todo ello como parte inherente de cada historia, de la historia en sí conformada por esas historias… De cada uno de los relatos que, con todos sus matices y contextos, Ulises me contó noche tras noche.

-”¿Cómo funcionaba esa máquina?”, le pregunté curiosa unos días después de que me hablara de su existencia.

-”Lo importante no es el cómo, si no el qué… Si quieres, cada noche que vengas a mi casa, te contaré una historia y un viaje, mezcladas, porque sólo así es la pura realidad. Y al final, cuando hayas escuchado todo lo que descubrí, aprendí y sentí, entonces, sabrás utilizarla sin que yo te diga nada y permitiré que vayas dónde te plazca”:

-“Me gustaría ir a muchos lugares, aprender tanto como sea posible… Pero me gustaría que fuera contigo…”

-”Sería un placer, sería como mi primera vez en cada sitio, como si jamás hubiera estado…”

 

Y así, muy despacio, y día a día, disfruté de las historias de Ulises hasta que supe el secreto…

-”¿Cuál era el secreto?”,preguntó una chica cómo queriendo preguntar algo más.

-”Lo importante no es el cuál si no el qué. Para apreciar bien cada cosa nueva que llegue a tus sentidos, debes de amar la trama más que el desenlace. Así con todo… Ese y no otro fue, es y será siempre el secreto”, aseguró Calíope e inmediatamente después ordenó a sus alumnos que cerraran los libros y abrieran los oídos…”

 Creo que ese puede ser el principio de una gran historia, sin duda…

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