Robin Hood también está en el PARO

Publicado: 1 junio, 2011 en Uncategorized

El pasado fin de semana, Madrid entero parecía la sede de una feria de objetos robados. De un lado, estaban los indignados de la Puerta del Sol, a los que tras tantos días de acampada y tanta efervescencia mediática parece habérseles disipado la capacidad de concreción y se muestran incapaces de poner negro sobre blanco todos aquellos cambios que demandan.

Algo parecido pasaba en las asambleas de los barrios. En Lavapiés, y bajo un calor que había robado toda posibilidad de sombra, los allí presentes eran tan democráticos que no se ponían de acuerdo en absolutamente nada.

A los indignados, el tiempo les está robando la lucidez en los actos, y es una pena, porque los segundos vuelan en contra del SUEÑO y la única verdad a este respecto es que de los sueños hay que despertar lo antes posible para que se puedan hacer realidad.

Mientras discutían sobre diversas cuestiones, unos cuantos representantes del movimiento 15-M fueron a comprar refrescos y agua a una tienda situada en la Plaza de Callao. Subieron por la calle de Preciados, calada hasta los huesos por el espíritu consumista y capital que los dueños del ágora tratan de combatir con espadas de madera. No sólo de multinacionales se viste Preciados y por cada bolsa con objetos innecesarios un mendigo levantaba a voz en grito su letanía.

 Cuando los activistas llegaron a Callao, entraron en una tienda pequeña, una tienda antisistema ya que ni Fnaces, Cortesingleses o Inditexes habían conseguido nunca poner sus fauces adineradas en aquellos pocos metros cuadrados. Allí, donde se vende casi de todo desde principios del siglo XX, compraron viandas, bebidas y se llevaron de regalo la sonrisa y el ánimo del propietario quien al grito de:”No pasarán”, se comportaba con un snobismo especialmente anacrónico, como si acabara de llegar de Mayo del 68 o hubiera defendido hasta el último rincón de Gran Vía con un fusil Mauser.

 Mientras los chavales escuchaban las cátedras del propietario anacrónico, un señor con el hambre colgada de los pómulos robaba diez paquetes de pañuelos que después vendería en el Metro a 20 céntimos la unidad. Un robo propiciado por el despiste contextual que genera la solidaridad y el activismo, quizás por la falta de costumbre… Y también propiciado por la tristeza, ya que si antes se robaba con miras a un futuro de ensueño en Brasil o la Finca de Pozuelo, el día a día de la profesión, como en todas las profesiones, se ha degradado tanto que tan sólo te permite sobrevivir. No hay nada que robar porque nadie tiene de nada. Para el ciudadano de a pie, y aunque nadie te descubra, ni siquiera delinquir genera un caudal rentable.

Cuando terminaron la plática, los indignados bajaron la calle de Preciados entre tantas tiendas en la vía como interrogantes en sus cabezas. La desembocadura en Sol no era más que el principio de un campo base lleno de incertidumbres, inherente a ese tipo de sueños en los que nadie te obliga a despertar y que, de esa manera, corres el riesgo de que se te olvide defenderlos ya que si la indefinición es una losa, la paz puede suponer la muerte del impulso.

Al mismo tiempo que los miembros del 15-M refrescaban sus gaznates con bebidas de cola (el imperio siempre amenaza) y patatas multinacionales (el imperio no sólo amenaza sino que también persevera) el señor de pómulos hambrientos, y los ojos sin pan, visitaba, vagón a vagón, las caras de lunes que los ciudadanos llevan incluso en pleno sábado. “Vendo pañuelos a 20 céntimos, sólo quiero comer”, repetía a modo de garantía para la solidaridad ajena.

Un tiempo antes, en aquella tienda dónde se vendía de casi todo y se hablaba de sueños ambientados en un pasado inexistente, el hombre había sisado 10 pañuelos. Si cada paquete lo vendía a 20 céntimos… 20 céntimos x 10 paquetes que robó= 2 euros. Con dos euros tendría para una hamburguesa de las pequeñas… y poco más. Quizás una escueta cena si le arrimara de otro negocio que hiciera en el día y del que tuviera una absoluta plusvalía.

 2 euros para comer, una miseria cuantitativa si la aplicamos a la individualidad, un suicidio si ese dinero tienen vocación de familia. 2 euros… Robar ya no es lo que era pese a que la jet set del sector pueda pagar 15 millones de euros por salir del trullo, corrupción mediante. La clase media está desaparecida y no se le espera… Tampoco a los honrados ladrones. Robin Hood lleva más de un año en el paro, tan mal pinta el decorado que no le sale trabajo ni para acabar en la cárcel.

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