LA REAL IRREALIDAD Y LA CARENCIA

Publicado: 23 enero, 2011 en Uncategorized
El Real de la Virgen de los Remedios es como una realidad paralela. Al llegar allí, sientes que nada ha cambiado. Todo sigue en su perfecta quietud, con el testimonio centenario de las encinas como custodias de una vida en estado de catalepsia. Envuelto en la lenta evolución natural de los siglos, aquel paraje es el reencuentro con nuestra esencia, con el origen de lo que fuimos, somos y seremos. Una génesis sin los adulterantes propios de la vida en sociedad
 
 Allí no hay sucursales bancarias, ni hipotecas basura. Tampoco usureros que mercadeen con la voluntad del ciudadano. No hay intereses empresariales, ni conglomerados multinacionales de empresas. Tampoco se oyen disputas por rancios posicionamientos decimonónicos. No hay hormigón armado ni torres a medio construir. Tampoco grúas a modo de pegote. Ni un mal tubo de escape esputando estrés. Ni unos pañuelos blancos muertos de hambre junto a un semáforo. Un día cualquiera, un día sin gente, el Real de la Virgen es todo lo que nunca nos atrevimos a ser: reflexivos, tolerantes, reposados… LIBRES.

Quizás mantenga intactas esas propiedades por su esencia de culto, respeto y devoción. Una especie de armisticio aceptado y protegido por toda la población de Fregenal de la Sierra. Un acuerdo tácito de creyentes y no creyentes que veneramos aquel lugar como nuestra propia casa. Por eso me gusta ir de vez en cuando, ya sea corriendo, en una bicicleta o caminando. Porque allí no vemos nada que nos recuerde que el día a día se ha convertido en una trampa mortal para la existencia.

La vida sigue igual lejos de la civilización y sus miserias. Igual que hace muchos años, cuando aún venía mi abuelo, del que tuve la ocasión de aprender mucho y disfrutar poco. Así son estas fechas, retrospectiva de almanaque y recuerdo de unos ausentes que, sin embargo, están siempre presentes.

Ausencias, obligadas o voluntarias pero ausencias al fin y al cabo… Y pese a estar rodeados de gente, qué solos nos sentimos a causa de esas personas que no están. Es un misterio de la condición humana, caprichosa, que quizás sólo añora ante la carencia.

CARENCIA. Palabra clave del contexto en el que se ubican nuestros días. CARENCIAS. Tanto de personas como de recursos. Esas cosas que tan sólo son necesarias cuando faltan, pero que son indispensables, sobre todo, cuando la protagonista del baile es CARENCIA.

Y el guateque tiene ya el disco rayado. Así que cuando nuestro sol de mayo toque arrebato y bañe de luz los cristales encalados de nuestras calles, quizás nos falte mucha gente por el Paseo de la Constitución. Personas que, aun queriendo venir, no lo pueden hacer por esas mismas CARENCIAS.

Ese día, en el que buscamos nuestra prenda favorita para dar lustre a la percha, esa noche en la que andamos como locos tras la lengua de fuego del Domingo de Milagros, ese día de buen rollo incomparable, ese momento como día mundial de “qué bien estoy”, ese día… Seguiremos sumidos en la CARENCIA que nos acompaña y nos acompañará ahora y durante bastantes más festividades de la Virgen de los Remedios.

En esos días, en Extremadura habrá más de 120.000 personas en el paro, el 23% de la población activa. Con el infausto agravante de que uno de cada tres jóvenes menores de 25 años está sin trabajo. Cada uno de esos actores principales en el futuro de nuestra tierra está en su casa cruzado de brazos sin obra que reprensar y sin la posibilidad de salir a la calle porque la lluvia de infortunio arrecia sin cejar en su monotonía contra el suelo.

En medio de tanta alegría efímera e indispensable, de tanto recuerdo a tiempos mejores, la realidad del presente nos situará más cerca de los cinco millones de parados en España que de los cuatro. Con el agravante de que los sueldos no suben mientras que luz, IVA, agua y gas se han disparado, por no hablar del precio de la gasolina, encarecedor de las materias primas fundamentales, y que está en su máximo histórico.

Esa es la realidad que tenemos encima. Por eso y a modo de avestruz, me gusta ir al Real de la Virgen porque allí, todas estas cosas no existen. El lunes de Romería es tan agradecido con un jamón denominación de origen como con un bocadillo de salami. El rato en el campo, la evasión respecto al día a día, las risas compartidas… Eso, y nada más, es lo importante… De aquí para allá con un sombrero de paja en la cabeza si el sol aprieta. De aquí para allá como si nunca fuera a llegar el mañana.

El único problema es que, sumidos en esa dualidad de realidad/irrealidad, el mañana siempre llega y está más feo que los hermanos Calatrava. El mañana en Fregenal, en Extremadura y en España huele a estanflación, que es lo peor que le puede pasar a una economía: los precios suben y suben y la economía no se mueve y esto, prolongado durante un periodo de tiempo muy largo, es fatal para una comunidad de individuos.

La situación en la que nos hayamos es el diagrama de unas constantes vitales mientras el médico grita:”Se nos va…” Si la vida es una concatenación de altos y bajos, esperemos que como decía el filósofo y emperador romano Marco Aurelio:”El hombre está preparado para soportar cualquier cosa que le suceda”. Porque vienen mal dadas y, desgraciadamente, tan sólo hay dos lunes de Romería para sentirnos a salvo de toda esta cochambre contextual en la que chapoteamos.

Ante este panorama, huésped incómodo en la mayoría de las casas, sólo pido una barra de Chicharra, tres o cuatro filetes empanados y el tronco de una encina para sentarme. Sólo quiero que toda la gente que desee disfrutar de esa preciosa irrealidad llamada Real de la Virgen pueda ir y que ese acueducto de principios del mes de mayo sea un bálsamo para las ausencias y un motivo de esperanza para todos aquellos que están por venir.

¿La economía? ¿El paro? ¿La estanflación? ¿Los jóvenes? ¿El futuro?

Ojala disfrutemos mucho de las fiestas de la Virgen de los Remedios porque a nuestro alrededor el único sonido identificable al oír esas preguntas es el “CRI-CRI-CRI” de grillos que, tediosos y amotinados, cantan su letanía como castigo por no escuchar nada interesante.

Manuel Bravo Pérez.

Periodista.

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